domingo, 15 de noviembre de 2015

URIBISMO: UNA ACTITUD ANTIDEMOCRÁTICA


En el entendido que el culto a un individuo lesiona profundamente la democracia, al impedir la diversidad de pensamiento, un acercamiento a la concepción del uribismo presentaría a esta ideología como una actitud antidemocrática pues está afincada en el culto a la figura de su máximo líder.

Del griego δῆμος (pueblo) y κράτος (poder), la democracia se ha convertido en el modelo político occidental más valorado, pues permite a todos los asociados de un Estado participar en la toma de decisiones que tienen que ver con el bien común. En ese sentido, el ejercicio político se basa en el diálogo que permite construir acuerdos de convivencia.

La democracia, entendida así, impide que las opiniones, los deseos o intereses, de un individuo particular se antepongan e impongan a la ciudadanía en general. De esta manera el culto a los planteamientos de un individuo, que es propio de la religión y no de la democracia, representa una actitud que atenta contra la misma.

Es bien sabido que el partido Centro Democrático no se constituyó luego de una discusión ideológica en la que un grupo de personas acordaron una serie de lineamientos con base en los cuales hacer propuestas de construcción de sociedad. Se constituyó más bien en torno a la imagen del hoy senador, Álvaro Uribe Vélez. Es muy diciente que su declaración política inicia recordando que: “En el día de hoy se reunieron: Marta Lucía Ramírez, Óscar Iván Zuluaga, Juan Carlos Vélez, Carlos Holmes Trujillo, Francisco Santos y Rafael Guarín con el expresidente Álvaro Uribe Vélez” No es un grupo de ciudadanos reunidos en igualdad de condiciones, hay uno diferente, que además es el centro de la reunión. Un grupo de ciudadanos se reúne con un individuo para instituir un proyecto político. El resto del documento no es más que la repetición de lo que reiteradamente dice su líder en apariciones públicas. La anterior es una muestra del culto a un hombre y no la construcción colectiva de un partido político.

Por otra parte, el funcionamiento del partido no pasa por la construcción dialógica, sino que parte siempre de las órdenes de su líder. Un ejemplo de esto es la respuesta de un precandidato a la gobernación del Quindío en 2015 al ser preguntado por La Crónica sobre su candidatura. Él respondió: “Soy el candidato oficial del Centro Democrático, pero espero la confirmación del presidente Uribe”. No espera la confirmación del partido, ni siquiera de Oscar Iván Zuluaga, su director general; espera la confirmación del individuo en torno al cual se ha formado esta colectividad.

Esta forma de culto ha generado en Colombia una actitud de desprecio por el pensamiento diferente, por la actitud crítica propia de los intelectuales, por la construcción colectiva del bien común. Los seguidores del señor del Ubérrimo ven en él la única posibilidad de sensatez y salvación, exigiendo a los demás ciudadanos que abandonen la crítica y se sumen a sus ideas políticas. De esta manera, el Centro Democrático y el uribismo en general se han convertido en un atentado a la democracia, que partiendo del culto a un individuo niega y maltrata la diversidad social.

jueves, 22 de octubre de 2015

LA BÚSQUEDA DE JUSTICIA EN EL PROCESO DE PAZ COLOMBIANO

Por: Diego Andrés López Castaño

La justicia puede entenderse como la búsqueda del equilibrio perdido. ¿Por qué se ha perdido ese equilibrio? Porque las acciones de unos lesionan los derechos e intereses de otros. La definición clásica dirá: “dar a cada cual lo que merece”.

Aquel que ha sido agredido viendo sus derechos violentados es una víctima. Tratar de restablecer esos derechos que han sido vulnerados es lo que se conoce como reparación. En ese sentido reparar a la victima es una forma de darle lo que merece, es decir, una búsqueda de justicia.

Colombia vive hace décadas un conflicto armado interno generado por la incapacidad del estado de responder a las necesidades de un gran número de sus asociados. Diferentes grupos de ciudadanos se alzaron en armas contra esa institucionalidad con la pretensión de tomarse el poder y generar esas condiciones de igualdad inexistentes en el país. En su búsqueda por tomarse el poder los diferentes grupos armados al margen de la ley han violentado los derechos de muchos colombianos. Derechos como la propiedad privada, la libertad y en el colmo de la barbarie, la vida. De tal manera que han generado miles de víctimas del conflicto.

Hace tres años el gobierno del presidente colombiano Juan Manuel Santos Calderón inició diálogos con el grupo guerrillero conocido como FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo). La intención principal es que los miembros de dicha organización insurgente abandonen las armas y vuelvan a la vida civil.

Uno de los principales temas de discusión en la mesa de negociaciones tiene que ver con la reparación a las víctimas. ¿De qué manera recuperar el equilibrio perdido a causa del conflicto? Al contrario de lo que creen muchos, ese equilibrio no se recupera necesariamente poniendo en prisión a los culpables. Porque dar a cada cual lo que merece implica más bien recuperar los bienes que hayan sido arrebatados, comprender las razones por las que los derechos fueron vulnerados, tener la seguridad de que ese tipo de hechos no se volverán a repetir. En ese sentido, poner a un victimario en la cárcel no necesariamente devuelve los bienes o los seres queridos perdidos y por el contrario genera un inconveniente para que un combatiente quiera abandonar las armas, de tal manera que no se garantiza la no repetición de los hechos criminales, sino más bien su perpetuación.

Lo que se conoce del acuerdo de justicia transicional al que se llegó en la mesa de la Habana, es precisamente que los guerrilleros están dispuestos a contar la verdad, a no volver a cometer esos crímenes y a reparar a las víctimas. Así mismo aceptan una limitación a su libertad, que no cárcel, si confiesan sus crímenes. Ir a la cárcel por un período no muy alto si los confiesan tardíamente. Y hasta 20 años de prisión si no confiesan y son encontrados culpables. Pero además dicho acuerdo ofrece las mismas garantías para otros actores del conflicto que no son miembros de los grupos insurgentes, es decir, empresarios, políticos, militares, etc. que desde el otro extremo también generaron víctimas en el conflicto.

Lo que tenemos entonces es que, al contrario de lo que dicen los detractores del proceso, no se busca la impunidad sino la reparación de las víctimas tratando de devolver al país el equilibrio perdido tras el conflicto. Es una búsqueda de justicia. Si bien se ofenden porque no necesariamente habrá cárcel para los victimarios, lo que hay que entender es que cárcel y justicia no son lo mismo, esa búsqueda de venganza de los detractores del proceso, no garantizaría más que la eterna repetición de esos lamentables hechos fruto del conflicto.