viernes, 7 de octubre de 2016

COLOMBIA Y EL AZOTE DE LA IGNORANCIA


Por: Diego Andrés López Castaño
Leidy Jhoana Cardona Beltrán


Los recientes eventos políticos del país, con acalorados y desinformados debates en las redes sociales, nos hace pensar en los niveles de educación y conocimientos de los colombianos. El panorama no es alentador pues podemos ver que la ignorancia campea en estas discusiones virtuales.

La ignorancia puede definirse como falta de conocimientos. Uno puede encontrar personas que sepan mucho sobre un tema, pero poco o nada sobre otro; diremos de esas personas que son sabias en el primer tema e ignorantes en el segundo. Pero puede también darse el caso de personas que tengan falencias de conocimientos en la mayoría o todas las areas del saber. Cuando esta situación se da en la mayoría de habitantes de un país diremos que es un país de ignorantes.

La ignorancia se supera adquiriendo conocimientos y la manera más efectiva de hacerlo es leyendo. Sin embargo, a pesar de las maravillosas oportunidades que ofrece la lectura, pueden encontrarse personas que, sin ningún asomo de rubor, afirman que no les gusta leer. Este tipo de personas están condenadas a la ignorancia y condenan a sus semejantes, en no pocas ocasiones, a escuchar las burradas que produce su desconocimiento. Imagine el lector la caótica situación de un país en el que sus habitantes leen poco; decisiones trascendentales quedan al arbitrio de la ignorancia.

La realidad colombiana frente a la lectura es bastante preocupante pues el promedio es de 2 libros al año. Si se tiene en cuenta que el promedio se saca entre todo lo que leen los colombianos en su conjunto, significa que mientras algunos leen entre uno y cuatro libros al mes, es decir, entre 12 y 48 al año, otros no leen nada. Esas cifras nos hacen decir, sin temor a equivocarnos, que Colombia es un país en el que sus habitantes leen poco.


Es cierto que los libros no son la única forma de salir de la ignorancia, pues también existen los documentales, imágenes y, además se pueden transmitir conocimientos de forma oral. Los documentales y la forma oral de adquirir conocimiento son también útiles para nuestra evolución social. Sin embargo, los libros siguen abarcando un lugar mucho más importante en la variedad de cosas que nos ofrecen, pues además de brindar un conocimiento detallado de algún tema, hacen que el lector forme una serie de imágenes mentales en el proceso, que estimulan su imaginación y permiten activar la capacidad de discernimiento. La lectura además de estimular el sentido crítico, ofrece innumerables beneficios adicionales a los anteriores citados: agudiza la astucia, estimula la percepción y la concentración, mejora la habilidad de expresión, lectura y lenguaje y previene la deformación cognitiva. Por otro lado, favorece la mejora de habilidades sociales, como la empatía. Un ávido lector aprende a identificarse fácilmente con los personajes de las historias que lee y de esta forma está dispuesto a abrirse a otras vidas, es fácil para él ponerse en el lugar del otro. Todo esto nos dicta que la lectura ofrece una gama altísima en los beneficios del aprendizaje más que cualquier otro medio por el que se pueda obtener conocimiento.  

La situación a la que nos enfrentamos es aterradora, pues los colombianos prefieren las narconovelas y el reggaetón a un buen libro. Y con este deficiente alimento intelectual, este país de ignorantes toma decisiones políticas. Es cierto que por asuntos del azar puede tomar alguna buena decisión, pero también puede cometer la estupidez de preferir que un grupo armado siga inundando de sangre y terror el campo, sólo por el capricho de no querer ver a sus representantes participando en política, sino pudriéndose en una cárcer. Como si eso solucionara el problema.