jueves, 22 de octubre de 2015

LA BÚSQUEDA DE JUSTICIA EN EL PROCESO DE PAZ COLOMBIANO

Por: Diego Andrés López Castaño

La justicia puede entenderse como la búsqueda del equilibrio perdido. ¿Por qué se ha perdido ese equilibrio? Porque las acciones de unos lesionan los derechos e intereses de otros. La definición clásica dirá: “dar a cada cual lo que merece”.

Aquel que ha sido agredido viendo sus derechos violentados es una víctima. Tratar de restablecer esos derechos que han sido vulnerados es lo que se conoce como reparación. En ese sentido reparar a la victima es una forma de darle lo que merece, es decir, una búsqueda de justicia.

Colombia vive hace décadas un conflicto armado interno generado por la incapacidad del estado de responder a las necesidades de un gran número de sus asociados. Diferentes grupos de ciudadanos se alzaron en armas contra esa institucionalidad con la pretensión de tomarse el poder y generar esas condiciones de igualdad inexistentes en el país. En su búsqueda por tomarse el poder los diferentes grupos armados al margen de la ley han violentado los derechos de muchos colombianos. Derechos como la propiedad privada, la libertad y en el colmo de la barbarie, la vida. De tal manera que han generado miles de víctimas del conflicto.

Hace tres años el gobierno del presidente colombiano Juan Manuel Santos Calderón inició diálogos con el grupo guerrillero conocido como FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo). La intención principal es que los miembros de dicha organización insurgente abandonen las armas y vuelvan a la vida civil.

Uno de los principales temas de discusión en la mesa de negociaciones tiene que ver con la reparación a las víctimas. ¿De qué manera recuperar el equilibrio perdido a causa del conflicto? Al contrario de lo que creen muchos, ese equilibrio no se recupera necesariamente poniendo en prisión a los culpables. Porque dar a cada cual lo que merece implica más bien recuperar los bienes que hayan sido arrebatados, comprender las razones por las que los derechos fueron vulnerados, tener la seguridad de que ese tipo de hechos no se volverán a repetir. En ese sentido, poner a un victimario en la cárcel no necesariamente devuelve los bienes o los seres queridos perdidos y por el contrario genera un inconveniente para que un combatiente quiera abandonar las armas, de tal manera que no se garantiza la no repetición de los hechos criminales, sino más bien su perpetuación.

Lo que se conoce del acuerdo de justicia transicional al que se llegó en la mesa de la Habana, es precisamente que los guerrilleros están dispuestos a contar la verdad, a no volver a cometer esos crímenes y a reparar a las víctimas. Así mismo aceptan una limitación a su libertad, que no cárcel, si confiesan sus crímenes. Ir a la cárcel por un período no muy alto si los confiesan tardíamente. Y hasta 20 años de prisión si no confiesan y son encontrados culpables. Pero además dicho acuerdo ofrece las mismas garantías para otros actores del conflicto que no son miembros de los grupos insurgentes, es decir, empresarios, políticos, militares, etc. que desde el otro extremo también generaron víctimas en el conflicto.

Lo que tenemos entonces es que, al contrario de lo que dicen los detractores del proceso, no se busca la impunidad sino la reparación de las víctimas tratando de devolver al país el equilibrio perdido tras el conflicto. Es una búsqueda de justicia. Si bien se ofenden porque no necesariamente habrá cárcel para los victimarios, lo que hay que entender es que cárcel y justicia no son lo mismo, esa búsqueda de venganza de los detractores del proceso, no garantizaría más que la eterna repetición de esos lamentables hechos fruto del conflicto.