miércoles, 1 de junio de 2016

HACIA EL FORTALECIMIENTO DE LA DEMOCRACIA: LA REINSERCIÓN DE LAS FARC


Por: Diego Andrés López Castaño

Los colombianos tenemos que plantearnos una pregunta seria: ¿Queremos más guerra o queremos fortalecer la democracia? El actual proceso de paz con las FARC es un momento propicio para responder, no sólo con palabras sino con actos, esta pregunta.

La democracia es un sistema político cuya creación atribuimos a los antiguos griegos. Dicho sistema consiste en que las decisiones que atañen a la comunidad en general deben ser tomadas por todos los ciudadanos y no por unos pocos. De tal manera que evitar la exclusión de ciudadanos y permitirles presentar su voz, aunque esta difiera de la mayoría, con la intención de llegar a acuerdos, fortalece la democracia.

Difícilmente se puede pretender que en una comunidad humana todos sus miembros piensen de la misma manera. Asuntos como los criterios de vida buena o justicia no dependen de los caprichos de un legislador o de una mayoría, sino que requieren el concurso de la discusión razonable y los acuerdos a los que lleguen los implicados. No hay algo que afecte más a la democracia que la imposición, sea legal o sea de hecho, de los criterios de unos sobre los demás. Por el contrario, incentivar la construcción dialógica es la mejor manera de hacer real la participación ciudadana y de esta manera revitalizar el ejercicio democrático.

La incapacidad del Estado colombiano para fomentar el diálogo y la participación de todos los ciudadanos generó y sigue generando episodios de violencia; pues muchas veces los excluidos sienten que no hay otra forma de hacer escuchar su voz y valer sus derechos. Seguramente preocupado por la afectación a los intereses económicos de su clase, o por un efectivo afán de mejorar las condiciones de vida de los colombianos, el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos Calderón ha dispuesto canales de diálogo con algunos de esos grupos generadores de violencia para permitirles reinsertarse en la vida civil. Tal vez el diálogo más significativo es el que se adelanta en la Habana Cuba con representantes del gobierno y la guerrilla de las FARC. Acuerdo que, de ser refrendado en las urnas por el pueblo colombiano y de ser respetado por ambas partes, pondría fin a un conflicto de más de medio siglo y permitiría a un grupo de colombianos excluidos del sistema participar en la toma de decisiones sobre asuntos clave para el país.

Aquellos que abiertamente se han declarado enemigos de la paz y hacen campaña en contra del proceso se justifican desde un profundo sentimiento de venganza diciendo que a los guerrilleros no hay que incluirlos en la sociedad, sino matarlos o llevarlos a la cárcel. Pero no se dan cuenta de que eso es lo que se viene haciendo durante más de 50 años y el único resultado obtenido es que los campos de Colombia están bañados en sangre de compatriotas pobres, mientras se han ensanchado los bolsillos de compatriotas ricos. Y sin querer caer en la actitud de los gurús de la autoayuda y la superación personal, hay que recordar una obviedad: No se obtienen resultados diferentes sin cambiar lo métodos. (VER: LA BÚSQUEDA DE JUSTICIA EN EL PROCESO DE PAZ COLOMBIANO)

Así pues, quienes se presentan como defensores de la democracia necesariamente tendrán que ser defensores del diálogo y la inclusión. Necesariamente tendrán que ser defensores del diálogo y el debate de las ideas. En ese sentido pensar en la integración postdesarme de los guerrilleros de las FARC a la vida civil, no es más que pensar en un fortalecimiento de la democracia que invoca la constitución de 1991.