sábado, 13 de agosto de 2016

LA LUCHA DE PODER TRAS LAS MARCHAS HOMOFÓBICAS DE ESTA SEMANA


Por: Diego Andrés López Castaño

¿Que deberíamos hacer los colombianos, amarnos los unos a los otros y en ese sentido aceptar y respetar nuestras diferencias? ¿O tal vez odiarnos los unos a los otros y excluir y maltratar a quienes no compartan nuestras concepciones del mundo?

Convengamos que el ejercicio de poder busca que las concepciones del mundo de uno sean aceptadas por los otros, o al menos que los comportamientos de los otros sean compatibles con esas concepciones, así no las acepten. Dicho ejercicio puede partir de la construcción dialógica de acuerdos, también de la apelación a la seducción de las pasiones, o directamente de la imposición a través del uso de la fuerza. De tal manera que aunque no toda relación de poder tiene que ser un acto violento e impositivo, todo intento de imponer a la fuerza una forma de comprender la realidad sí hace parte de una lucha de poder.

Durante la semana que termina, en Colombia hemos asistido a un espectáculo que no se veía hacía mucho tiempo. Miles de colombianos salieron a las calles a protestar contra lo que consideran la imposición de la ideología de género por parte del Ministerio de Educación Nacional (MEN). ¿De dónde nace el enojo? Un fallo proferido por la Corte Constitucional, nacido a raíz del suicidio de un joven acosado en el colegio debido a su condición sexual, ordena la revisión de todos los manuales de convivencia de las instituciones educativas para garantizar que no permitan ese tipo de discriminación. En obediencia a esta orden judicial, el MEN se alió con otras instituciones para elaborar un documento que permita determinar si existe discriminación sexual en los colegios del país y de qué manera evitar que eso ocurra, promoviendo el respeto por la diversidad sexual.

Dicha actitud, según los marchantes, atenta contra su concepción de la sexualidad y la familia. Lo que aducen los marchantes es que desde el gobierno nacional se quiere destruir la idea que tienen ellos de familia tradicional conformada por papá, mamá e hijos. Pero además advierten que en ese intento adoctrinarán a los niños para que se inclinen a la homosexualidad. La intención de la marcha es oponerse a los intentos del ministerio y lograr que su idea de familia y su concepción religiosa de la sexualidad sea la que se enseñe en las instituciones educativas.

Hay que decir de todas formas, que si bien es cierto la marcha es liderada por sectores católicos y evangélicos que, dicho sea de paso, se la pasan peleando entre ellos y lanzándose acusaciones mutuas, en este caso y para negar el derecho a la diversidad sexual olvidan sus diferencias y trabajan como hermanitos muy unidos por una causa. De todas maneras hay que reconocer que no todos los cristianos están de acuerdo con esta postura. Tanto dentro de la Iglesia Católica como de las congregaciones evangélicas muchos prefieren hacer caso a su fundador y amar a todos, como enseña el pasaje bíblico del buen samaritano. Entre otras cosas porque en sus propias familias acogen hijos homosexuales y prefieren amarlos a maltratarlos.

Aquí tenemos entonces dos concepciones diferentes cuyos defensores se enfrentar para ver quién logra que la suya cale en la sociedad en general. Es indudablemente una lucha de poder. Una de estas dice que los roles de género son naturales y que dependen del sexo con el que se nace, por lo tanto hay que asumirlos. La otra afirma que, si bien nacemos con un sexo determinado, el rol que jugamos después es una construcción social y por lo tanto podemos decidirlo. Pero la diferencia más grande radica en que una de las visiones intenta generar exclusión la otra inclusión. ¿Cuál nos conviene más como sociedad?