En el
entendido que el culto a un individuo lesiona profundamente la
democracia, al impedir la diversidad de pensamiento, un acercamiento
a la concepción del uribismo presentaría a esta ideología como una
actitud antidemocrática pues está afincada en el culto a la figura
de su máximo líder.
Del griego
δῆμος
(pueblo) y κράτος
(poder), la democracia se ha convertido en el modelo político
occidental más valorado, pues permite a todos los asociados de un
Estado participar en la toma de decisiones que tienen que ver con el
bien común. En ese sentido, el ejercicio político se basa en el
diálogo que permite construir acuerdos de convivencia.
La
democracia, entendida así, impide que las opiniones, los deseos o
intereses, de un individuo particular se antepongan e impongan a la
ciudadanía en general. De esta manera el culto a los planteamientos
de un individuo, que es propio de la religión y no de la democracia,
representa una actitud que atenta contra la misma.
Es bien
sabido que el partido Centro Democrático no se constituyó luego de
una discusión ideológica en la que un grupo de personas acordaron
una serie de lineamientos con base en los cuales hacer propuestas de
construcción de sociedad. Se constituyó más bien en torno a la
imagen del hoy senador, Álvaro Uribe Vélez. Es muy diciente que su
declaración política inicia recordando que: “En el día de hoy se
reunieron: Marta Lucía Ramírez, Óscar Iván Zuluaga, Juan Carlos
Vélez, Carlos Holmes Trujillo, Francisco Santos y Rafael Guarín con
el expresidente Álvaro Uribe Vélez” No es un grupo de ciudadanos
reunidos en igualdad de condiciones, hay uno diferente, que además
es el centro de la reunión. Un grupo de ciudadanos se reúne con un
individuo para instituir un proyecto político. El resto del
documento no es más que la repetición de lo que reiteradamente dice
su líder en apariciones públicas. La anterior es una muestra del
culto a un hombre y no la construcción colectiva de un partido
político.
Por otra
parte, el funcionamiento del partido no pasa por la construcción
dialógica, sino que parte siempre de las órdenes de su líder. Un
ejemplo de esto es la respuesta de un precandidato a la gobernación
del Quindío en 2015 al ser preguntado por La Crónica sobre su
candidatura. Él respondió: “Soy el candidato oficial del Centro
Democrático, pero espero la confirmación del presidente Uribe”.
No espera la confirmación del partido, ni siquiera de Oscar Iván
Zuluaga, su director general; espera la confirmación del individuo
en torno al cual se ha formado esta colectividad.
Esta forma
de culto ha generado en Colombia una actitud de desprecio por el
pensamiento diferente, por la actitud crítica propia de los
intelectuales, por la construcción colectiva del bien común. Los
seguidores del señor del Ubérrimo ven en él la única posibilidad
de sensatez y salvación, exigiendo a los demás ciudadanos que
abandonen la crítica y se sumen a sus ideas políticas. De esta
manera, el Centro Democrático y el uribismo en general se han
convertido en un atentado a la democracia, que partiendo del culto a
un individuo niega y maltrata la diversidad social.
Excelente forma de plasmar la verdad, Diego. Gracias. Le sumaría a su planteamiento darle énfasis a la persecución de sus detractores y falta de objetividad hacia sus asociados.
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